TODOS TENEMOS ALAS

Sí, has leído bien. Todos tenemos alas.

Son únicas, como nuestra nariz, la forma de nuestros ojos o el tamaño de nuestra boca. Hay quien tiene alas de un sólo color y quien las tiene de muchos; incluso pueden ser de lunares. Las he visto transparentes y como de cristal; también majestuosas como si fueran de águila o pequeñas y en constante movimiento como las de una abeja o un colibrí. Alas remendadas, con parches como los de las bicis. Alas con hilos de oro y plata que brillan a todas horas. Y de muchos otros tipos.

Todos hemos nacido con alas.

A veces, con el transcurrir de la vida, creemos que hemos perdido la capacidad de volar, esa habilidad innata de todos los seres humanos que lleva a alcanzar metas maravillosas, a hacer realidad sueños, a tener ilusiones y proyectos; a levantarnos después de una caída, quitarnos el polvo y reemprender el vuelo.

Si tus alas están cansadas de tanto aletear para mantenerte en el aire, o tal vez se quebraron en alguna caída, te invito a detenerte, a respirar, a reflexionar. Te ayudo a encontrar el espacio para enmendar tus alas con amor y luego… ¡¡sigue volando!! No te demores.

Ah! se me olvidaba. Voy a compartir contigo un truco. Si quieres ver tus alas, mira con los ojos del corazón. Toma conciencia de ti mism@, de tus luces y tus sombras, sin juzgarte. Date un abrazo amoroso y entonces, sólo entonces, mírate de nuevo en el espejo. Ahora sí, ¿verdad?